Neurociencia

El 4 y 5 de mayo (2017) acudí al II Congreso de Pensamiento Crítico y Divulgación Científica (Universidad de Valencia), donde el tema central este año era la neurociencia. Quería escribir "unas palabras" para dejar constancia de lo que he podido aprender, y seguro que podría dar que hablar.

En primer lugar, destacar la gran labor divulgativa y crítica (ese era el título...) de los/las profesionales que acudieron a exponer sus trabajos, y la perspectiva fuera de la estricta biología que se ha tomado para este. Como estudiante de ingeniería al principio me chocó un poco que filósofos hablasen de neurociencia. Después, pude ampliar mi mente al ver que un pequeño avance en el conocimiento del cerebro, su funcionamiento y conexiones, daba mucho que pensar en psicología, medicina, educación, y a los filósofos mucho juego porque les gusta hablar de los entresijos de la mente, comportamiento, pensamientos y cómo se une a la parte física (estructura cerebral y función).

En segundo lugar hay que hablar de la tontería y el mito que se ha formado alrededor de las neurocosas. Al igual que en otros campos en su momento destacaron las inmunocosas, ahora parece que el prefijo de moda es neuro. Y es que suena muy atractivo, para la gente que no se da cuenta, sobre todo cuando se une a cosas como neuroeconomía o neuromarketing. No sé qué tendrá que ver, pero ya se ofrecen máster de estas cosas. Cosas que hacen que me duela la cabeza. Neurodolor por neurocalentamiento. Pues entre lo poco que sabemos, y la cantidad de gente que quiere aprovecharse para sacar dinero, y la cantidad de gente que se lo cree, la tontería está servida. Son montones de mitos y falacias las que se han impuesto y ahora puedes escuchar en la barra de cualquier bar, o peor, aplicarse en educación o tratamientos psicológicos no avalados científicamente. Y de las pseudociencias ni hablemos.

En mi campo, el cerebro no tiene nada de místico ni extraño. Es una conexión de células que se excitan entre sí, muchas de ellas, y realizan una función. El trabajo actual más importante es desarrollar la tecnología y estudiar su estructura para poder modelizar matemáticamente un cerebro completo, y así poder simular respuestas al igual que hacemos ya mismo con el corazón. Aún no sé si, por ejemplo, el cerebro de un caracol (sólo 10k neuronas) está modelizado, es probable que sí, y sus resultados, pero seguro que el cerebro humano (unas 10^11 neuronas) no, porque no tenemos ordenadores capaces de calcular eso.

Y cuando consigamos destapar los entresijos del cerebro, biológicamente hablando, las implicaciones éticas no son menores. Supongamos el caso en el que un sujeto comete un crimen, es escoria de la humanidad y debe ser juzgado y encarcelado. Pero, en un estudio mediante resonancia magnética funcional, se encuentra en su cerebro una porción asociada a la moral que no funciona bien, es decir, estrictamente hablando este sujeto no sería capaz de tomar decisiones correctas. ¿Qué pena se le debe imponer? En mi opinión está claro que no se puede, bajo ningún concepto, justificar sus acciones. Sin embargo, teniendo en cuenta los antecedentes y los hechos probados, estaría bien que se le impusiese una pena justa y que se le ayudase en la reinserción. Una vez hechos estos avances, deberán existir tratamientos que ayuden. Puede que haya quien se pregunte: ¿Por qué no estudiamos a todo el mundo para ver aquellos que tienen predisposición a cometer un crimen? Pues porque esto no es Minority Report ni tenemos tiempo ni dinero para realizar estos estudios a toda la población.

Está claro que la neurociencia ayudará en el futuro, hay cientos de síndromes y problemas psicológicos que dependen de sus avances. Hay que dejar bien claro que igual de importante que investigar en neurociencia, es saber utilizarla.

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